Fundamentos

Aguila

Ojo del Sur surge a partir de la certeza de que una Nueva Consciencia que pretenda generar una Nueva Tierra implica necesariamente una educación acorde a sus requerimientos y visiones de todo lo existente, un reaprendizaje constante. Estamos en una gran transición, momento de profundos cambios -paradigmáticos, estructurales, coyunturales- a nivel galáctico, universal, mundial, social e individual. Tengo plena certeza que el paradigma educativo actual está llegando a su caducidad y que la Nueva Educación que surja debe focalizar en la integridad de todos los planos con los que interactuamos consciente e inconscientemente en nuestra vida: el conocimiento de la Ciencia, de la Cultura, pero también el conocimiento del Ser, de la Energía Consciente, de lo que Somos dentro del Universo. Esto, claramente, no como una educación especial ni atribuible a una cultura o tradición, sino como parte natural y esencial de nuestro conocimiento de la realidad, lo que implica necesariamente un radical ensanchamiento de este concepto tal cual la aprehendimos y reprodujimos hasta hoy.

Esta educación debe ayudar a cada persona a reencontrarse con su centro, con su función, su misión, sus propios pactos de vida. En definitiva, ayudar a cada persona a reconocer y transitar su camino de Evolución consciente en este planeta.

Entiendo que una educación de este tipo es una educación para la Paz, ya que esto propicia el surgimiento de generaciones de personas integrales, conscientes de su función en la vida, en la sociedad, de su parte en el Todo, del Todo como parte de sí mismos. Para esto, creo que se deben integrar planos que hasta hoy estuvieron desvinculados y hasta totalmente ausentes en la enseñanza educativa.

A partir de allí, surge la necesidad de crear este espacio, para echar en la Nueva Tierra las raíces de una Educación pensada desde y para la Nueva Consciencia.

La Nueva Educación reclama un espacio desescolarizado, abierto, participativo, cooperativo, alternativo, donde los conocimientos se integren y se pongan en función del surgimiento del Ser. De ahí, que considero no solo productiva la participación desde toda disciplina profesional posible, sino también desde cualquier ámbito: un artesano, un agricultor, un pintor, un cocinero también poseen arena y cal para estos cimientos. Cada ser desde su singularidad tiene algo que eseñar y que aprender, tal como somos, interdependientes y libres a la vez.

La Nueva Educación necesita nuevos actores, nuevas formaciones, nuevos espacios, nuevos contenidos, nuevas energías e intenciones.

El proyecto propone un metaeje que funciona transversalmente como base e hilo conductor: la Fractalidad, ya que la considero única estructura motivada -no arbitraria- de todo lo existente y en esta estructura se basará todo lo surgente en la Nueva Tierra.

La intención es el desarrollo de la Nueva Consciencia a partir de generar ideas, compartir experiencias, pero por sobre todo, integrar nuestros conocimientos a nuestra praxis diaria como Seres energéticos conscientes, interactuantes con y en el Universo, en todas sus Dimensiones. En definitiva, comenzar a dejar de estar desdoblados entre un consenso cultural en choque frente a una experiencia íntima en cuanto a lo que es la Realidad.

Los protagonistas de esta Nueva Educación son todas aquellas personas que sientan que educarse es un trabajo de toda la vida, que encuentren en la Nueva Consciencia el proyecto de mundo que desean, que intuyan que algo nuevo llegó para quedarse, aunque no sepan cabalmente de qué se trata. Es decir, no puede limitarse el perfil del destinatario porque la Nueva Educación se integrará a la vida diaria de todo Ser y porque cada persona, al margen de su edad física, puede sentir el llamado interior a cuestionar, reeducarse y comenzar la labor co-creativa de la Realidad. Porque es ahí, en nuestro día a día, donde proyectamos y ponemos en práctica lo que sabemos, lo que somos, lo que generamos. Por ello, en lo inmediato, somos todos los co-creadores de esta Nueva Tierra quienes debemos estar abiertos al aprendizaje, ya que, por ejemplo, una familia no educará a sus hijos en la Nueva Consciencia si no lo ha experimentado previamente cada miembro adulto, si no están convencidos de su imperiosa necesidad.